jueves, 10 de junio de 2010

Un día en las carreras (5) - XXIII Carrera Hoz del Huécar


Aprovechando que mi hermana vive en Cuenca, me inscribí en esta carrera popular de 14Km 750m que tenía buena pinta. Es una distancia a mitad de camino entre los 10 Km populares y la Media Maratón, y se adecúa a mis condiciones de corredor amateur, donde a veces los 10Km me saben a poco. En la página web no veía altimetría, pero me temía, como luego se cumplió, que no iba a ser una carrera cómodo. Además era también la primera carrera que corría por la tarde.
Así que a media mañana nos fuimos a Cuenca, y tras el descanso después de la comida me marché a recoger mi dorsal. Poco a poco se fue animando el punto de partida, desde la calle carretería. Eramos unos 1400 los inscritos, aunque llegaron a la meta 1022 corredores. Los primeros kilómetros eran llanos, luego del 6 al 8 cuesta arriba, del 8 al 11 en toboganes, del 11 al 13 cuesta abajo y llano hasta la meta. El primer kilómetro lo marqué en 4'30'', y la media de los tres primeros fue 4'40''. No recuerdo más parciales, pero sé que del 6 al 7 hice 5'20'' y del 7 al 8 5'30''. Además comenzó a llover e incluso a granizar mientras subíamos del 6 al 10, lo que hice la pronunciadísima bajada bastante peligrosa por momentos.
Al final marqué 1h 9'3'', que arroja una media de 4'40'' exactos, ocupando el puesto 301 en la general, lo cual creo que no está mal, teniendo en cuenta que hemos corrido a tirones. La carrera en sí es bella por el paisaje que la rodea y el buen tiempo que nos hizo -para mi buen tiempo es que no nos achicharramos. Como punto negativo, no tienen aún chip para cada corredor.
Novedad en las sensaciones: después de la bajada de dos kilómetros a grandes zancadas, a la hora de afrontar el llano me quedé sin tracción alguna. Perdí la sensibilidad en las dos piernas. Al día siguiente tuve ligeras molestias en los muslos de alargar la zancada, supongo que sensaciones habituales pero que yo he conocido por primera vez.
Próxima carrera: 10Km Norte-Sur el día 20 de junio, donde voy a intentar batir mi MMP en 10Km.

Cine de madrugada (2) - El último caballo de Edgar Neville


Aprovechando las vacaciones de Pascua, estoy viendo varias películas de Edgar Neville, autor minimizado y ninguneado por su filiación fascista. El último caballo del año 1950 es de una actualidad sorprendente. Su argumento, con el papel protagonista de un joven Fernando Fernán-Gómez, se centra en el cambio de medio de transporte del caballo al coche. Ante la desaparición de la caballería como unidad del ejército, FFG compra su caballo al acabar su instrucción militar para evitar que sea vendido como caballo de picador para los toros. A partir de ahí se inician las complicaciones pues Madrid ya abandonó las casas de postas, y tanto el alojamiento como la manutención en una ciudad plagada de coches de un caballo es asunto serio y costoso. Siempre con buenas dosis de humor en las situaciones planteadas, la película viene a ser un alegato a favor de ese mundo antiguo que desaparece, sustituido por otro quizá más moderno, pero que arroja a la cuneta una serie de valores que son los ponderados en la película: el tiempo disponible, la ausencia de prisas, la relación con la naturaleza y el mundo animal como parte sustancias del hombre…. ¿Quién no reconoce en estos valores muchas de las iniciativas actuales que recomiendan una vuelta al tomarse tiempo para uno mismo y su entorno, vivir de forma más natural… en movimientos como Slow y evitar la vida estresada a la que nos abocan?

Los libros perplejos (10) - Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer de David Foster Wallace


De todos los estilos en que es posible escribir, el humorístico es el más difícil. Lo más complicado dentro de la escritura es hacer reír o al menos sonreír al lector. El dominio de los recursos que permiten desencadenar esa sonrisa cómplice es algo que ha estado al alcance de muy pocos escritores, y sin lugar a dudas, Wallace es uno de ellos, y no de los peores dotados por cierto.
Wallace, que se suicidara el 12 de septiembre de 2008, era el autor de más proyección de la generación posterior a DeLillo y Roth, la bautizada en España como Generación Next, y a la que pertenecen también autores como Sedaris.
DFW se mueve en un terreno a mitad de camino entre ficción y la realidad, suponiendo que realmente sean territorios distintos. El principal recurso que usa es la ironía, lo cual implica una distancia sobre el objeto considerado, de manera que se puedan apreciar en él características distintas a las apreciadas en una distancia corta, permitiendo así la exageración de unos rasgos y no otros, y la distorsión de la realidad, lo que en última instancia provoca el humor.
Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, el cuento que da título al libro, nos muestra al autor embarcado en un crucero de lujo semanal y narra sus peripecias para el distinguido público lector de una revista. Tiene mucho de observación sociológica y pone al descubierto las sinrazones de muchos de nuestros comportamientos, y las grietas de nuestras almas, así como la infelicidad existencial del ser humano (igual me estoy pasando en las pretensiones del autor).