jueves, 23 de junio de 2011

Los libros perplejos (26) - El Coronel Chabert de Balzac

Reino de Redonda es una editorial que tiene a gala la publicación sólo de uno o dos títulos al año pero con un cuidado exquisito tanto de la traducción como de la presentación -tapa dura, tamaño de la letra, textura del papel, entintado... -. La editorial es de Javier Marías, el escritor, y es un capricho que se concede sin tener en cuenta si sale rentable o no esa edición.
El último de los libros publicados es una serie de cuatro cuentos de Honoré de Balzac. El más extenso, que entra dentro de lo que es una nouvelle, es El coronel Chabert. ¿Por qué leer a Balzac? Dos motivos: conoce cómo escribir historias y conoce el alma humana. Sus cuentos son un desfile extraordinario de personajes atípicos. Ya desde el comienzo la historia del coronel Chabert, dado por muerto en batalla y aparecido en vida, es un punto de partida que genera la expectación que se precisa; ni que decir tiene que trastoca todas las vidas con las que se cruza, empezando por la de su muer/exmujer. Los otros tres cuentos, El verdugo, El elixir de larga Vida y La obra Maestra Desconocida, tienen ecos de literatura fantástica y de horror.
Dentro de su prosa, evita siempre el caer en lugares comunes y su imaginación para las comparaciones añade un toque de humor. A veces da la sensación de que su prosa es una serie de citas, que pudieran casi todas las frases entresacarse y figurar como frases memorables per se.

Los libros perplejos (25) - Los perros y los lobos de Irène Némirovsky

Pues está claro que Némirovsky ha venido para quedarse entre nosotros como una escritora importante del pasado s.XX. Los perros y los lobos fue publicada por primera vez en París en 1940 y fue la última novela que pudiera publicar antes de su asesinato en Auschwitz en 1942. He leído de ella también Ardor en la Sangre y El baile, aunque la novela que le ha dado este inmensa fama póstuma es Suite francesa, encontrada en manuscrito entre sus papeles.
La historia de Los perros y los lobos es la historia de los primos lejanos Sinner, Ada y Harry, jóvenes judíos procedentes de distintas clases sociales de una pequeña población de Ucrania. Configurada con vivencias personales de la autora, aunque no signifique esto que es autobiográfica, su prosa muestra un equilibrio entre avance de la narración, siempre de manera lineal, diálogos, de los que no abusa, y momentos descriptivos, bien de personas, bien de lugares donde transcurre la acción. La historia conlleva un lapso de tiempo amplio, unos 25 años, pero la autora selecciona aquellos momentos que son relevantes en la acción y elude el resto. La historia consigue atrapar, y el personaje de Ada Sinner me parece de un logro total, así como la descripción de la desubicación de una familia judía rural en un centro urbano importante como es París. Novela muy recomendable.

miércoles, 1 de junio de 2011

Una noche en la ópera (20) - Luisa Fernanda de Moreno Torroba

Luisa Fernanda es uno de esos títulos que es de éxito asegurado desde que se estrenó en 1932, y la verdad es que la música sigue siendo una maravilla en todos y cada uno de sus números, independientemente de que el libreto vaya envejeciendo más y más con el paso del tiempo y hoy día roce lo anecdótico, con un muestrario de sentimientos noños y una resolución poco creíble para los tiempos que corren. Este título ha sido el último de la temporada de la Zarzuela, temporada que se antoja cada año más escueta y que precisaría de otro modo de producción para realmente dar salida a un mayor número de títulos y una mayor variedad, pues no es de recibo que entre estreno y estreno transcurran dos meses y sólo nos ofrezcan cuatro títulos por temporada, eso sí, treinta veces seguidas cada uno.
Con una puesta en escena poco atrayente y que a mi nada me dijo de Luis Olmos, vi la función del día 22 de mayo, con un reparto muy desequilibrado. Como Luisa Fernanda, papel protagonista, la internacional Cristina Gallardo-Domás, en el que podría ser su primera incursión en el mundo de la zarzuela, y que ha sido un fracaso rotundo: pocas veces he visto a una actriz menos convincente en las tablas del teatro: todo gestos grandilocuentes y morisquetas. Cierto es que habrá tenido que trabajar duro para encubrir o neutralizar su acento chileno, pero la antinaturalidad de su parte hablada debería hacerle repensar el aceptar más papeles de zarzuela, aunque se los vuelvan a ofrecer a la enormidad de 10000 euros que ha cobrado por función.
Y esto me lleva a otra reflexión: estando los tiempos como están, ¿es preciso este dispendio de dinero para intentar traer a primeras figuras al Teatro de la Zarzuela, cuando luego ni siquiera cumplen con un mínimo de profesionalidad? No estoy dudando de su profesionalidad, pero esta claro que la zarzuela se le atraganta a quien no está habituado a cantar zarzuela, que es una parcela de repertorio muy distinto al de la ópera. De cuando en cuando surgen rumores sobre la posible creación al amparo del Teatro de la Zarzuela, de una Escuela de Zarzuela, y casos como este demuestran lo acertado de esta idea, aunque este proyecto quedará en aguas de borrajas, por falta de presupuesto, y más en los tiempos actuales.
Volviendo a la crónica, el resto del elenco rayó a muchísimo más nivel, empezando por José Manuel Zapata como Javier Moreno, que cometió un par de pequeños deslices por dudar al atacar un par de agudos, no decidiéndose entre cantarlos a voz o atacar en piano; Carlos Bergasa y su bella voz perfectamente manejada como Vidal, aunque le noté una notoria pérdida de esmalte al pasar el mib agudo; y Susana Cordón, como Carolina, en perfecto estado de forma vocal. Algunos coprimarios fueron seleccionados más por sus dotes actorales que vocales, y siempre se nota eso, sobre todo cuando los pocas frases que han de cantar pasan desapercibidas por su mala emisión.
Dirigió Cristóbal Soler, el nuevo titular del Teatro. Era la primera vez que lo veía con la suficiente atención y demostró seguridad, un gesto sobrio, y un perfecto control en su relación con la escena. En cuanto al coro, excepto en la Mazurca de las Sombrillas, tiene una escritura desagradecida, por no decir mala -por ejemplo en todo el final del segundo acto-, y, a pesar de estar mal ubicado en escena a veces, cumplió con creces con su cometido.