miércoles, 1 de junio de 2011

Una noche en la ópera (20) - Luisa Fernanda de Moreno Torroba

Luisa Fernanda es uno de esos títulos que es de éxito asegurado desde que se estrenó en 1932, y la verdad es que la música sigue siendo una maravilla en todos y cada uno de sus números, independientemente de que el libreto vaya envejeciendo más y más con el paso del tiempo y hoy día roce lo anecdótico, con un muestrario de sentimientos noños y una resolución poco creíble para los tiempos que corren. Este título ha sido el último de la temporada de la Zarzuela, temporada que se antoja cada año más escueta y que precisaría de otro modo de producción para realmente dar salida a un mayor número de títulos y una mayor variedad, pues no es de recibo que entre estreno y estreno transcurran dos meses y sólo nos ofrezcan cuatro títulos por temporada, eso sí, treinta veces seguidas cada uno.
Con una puesta en escena poco atrayente y que a mi nada me dijo de Luis Olmos, vi la función del día 22 de mayo, con un reparto muy desequilibrado. Como Luisa Fernanda, papel protagonista, la internacional Cristina Gallardo-Domás, en el que podría ser su primera incursión en el mundo de la zarzuela, y que ha sido un fracaso rotundo: pocas veces he visto a una actriz menos convincente en las tablas del teatro: todo gestos grandilocuentes y morisquetas. Cierto es que habrá tenido que trabajar duro para encubrir o neutralizar su acento chileno, pero la antinaturalidad de su parte hablada debería hacerle repensar el aceptar más papeles de zarzuela, aunque se los vuelvan a ofrecer a la enormidad de 10000 euros que ha cobrado por función.
Y esto me lleva a otra reflexión: estando los tiempos como están, ¿es preciso este dispendio de dinero para intentar traer a primeras figuras al Teatro de la Zarzuela, cuando luego ni siquiera cumplen con un mínimo de profesionalidad? No estoy dudando de su profesionalidad, pero esta claro que la zarzuela se le atraganta a quien no está habituado a cantar zarzuela, que es una parcela de repertorio muy distinto al de la ópera. De cuando en cuando surgen rumores sobre la posible creación al amparo del Teatro de la Zarzuela, de una Escuela de Zarzuela, y casos como este demuestran lo acertado de esta idea, aunque este proyecto quedará en aguas de borrajas, por falta de presupuesto, y más en los tiempos actuales.
Volviendo a la crónica, el resto del elenco rayó a muchísimo más nivel, empezando por José Manuel Zapata como Javier Moreno, que cometió un par de pequeños deslices por dudar al atacar un par de agudos, no decidiéndose entre cantarlos a voz o atacar en piano; Carlos Bergasa y su bella voz perfectamente manejada como Vidal, aunque le noté una notoria pérdida de esmalte al pasar el mib agudo; y Susana Cordón, como Carolina, en perfecto estado de forma vocal. Algunos coprimarios fueron seleccionados más por sus dotes actorales que vocales, y siempre se nota eso, sobre todo cuando los pocas frases que han de cantar pasan desapercibidas por su mala emisión.
Dirigió Cristóbal Soler, el nuevo titular del Teatro. Era la primera vez que lo veía con la suficiente atención y demostró seguridad, un gesto sobrio, y un perfecto control en su relación con la escena. En cuanto al coro, excepto en la Mazurca de las Sombrillas, tiene una escritura desagradecida, por no decir mala -por ejemplo en todo el final del segundo acto-, y, a pesar de estar mal ubicado en escena a veces, cumplió con creces con su cometido.

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