martes, 16 de noviembre de 2010

Un día en las carreras (9) - XXXIV Media Maratón de Moratalaz


Esta es la carrera que se corre por las calles de mi barrio. Es el 14 de noviembre de 2010. La salida está en la paralela hacia el oeste desde mi casa, y tras haber participado en ella el año pasado, volví a correrla. La hora de salida era las 10h30' y presentaba la novedad de que permitía también correr sólo 10 Km -el año anterior eran 12Km-.
Por primera vez han participado también mis amigos y vecinos Oscar, Víctor y Cristina, aunque ellos en los 10Km, y a última hora también se apuntó Luis Carlos, compañero de trabajo. Tras recoger a las 9h 30' el chip y darle vueltas a la cuestión del tiempo metereológico, pues no sabíamos si ir de manga larga o no , con doble capa o no, nos pusimos a calentar. El día, tras amanecer con nubes y una pequeña lluvia mientras recogíamos los chips, se ha mantenido sin llover, al menos durante la carrera, y con una temperatura ideal de 9-10 grados.
Buenas sensaciones en la salida, con el cuerpo descansado y muelle. Tras 300 metros Víctor se empareja y así hemos continuado durante 10 km, bastantes de ellos con Víctor marcando el ritmo. Por cierto un ritmo sensacional de 4'20'' por kilómetro que hemos logrado mantener a pesar de que el recorrido tiene sus pequeñas cuestas y descensos.
A partir del kilómetro 10 me he quedado solo, aunque con la referencia visual de un grupo que iba también a 4'20''. Y el cuerpo ha seguido respondiéndome bien. Pasé el kilómetro 14 en 1h 1'12''. Si consigo mantener el ritmo llegaré con menos de 1h 35' a la meta, un tiempo excelente que no tenía previsto. En el Km 18 se pone a correr a mi lado Luis Carlos, que ya acabó su carrera de 10 Km, y me apoya durante un kilómetro. En los dos últimos kilómetros empiezo a notar como las piernas pesan. La entrada al estadio del polideportivo Moratalaz la hago a buen ritmo y con un pequeño sprint, aunque la meta está más cerca que el año anterior.
Tiempo final: 1h 32' 17'', o sea, unos 6' minutos menos de mi mejor marca personal. El kilómetro lo he corrido a 4' 22''.
Puesto en la general 266 de 1069 corredores. Tiempo de paso en los 10Km: 43'52''.

En fin, supongo que ha sido una carrera casi perfecta. Y también me doy cuenta de que bajar de 1h 30' -uno de mis objetivos en esto de las carreras- va a ser algo complicado de conseguir.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Una noche en la ópera (14) - Il Gridario de Matteo Franceschini


La segunda parte de la sesión del ciclo Operadhoy del 5 de noviembre de 2010 estaba constituida también por una ópera de pequeño formato: Il Gridario de Matteo Franceschini. Este autor nació en Trento en 1979 es también clarinestia. Está en italiano y el elenco destinatario es una soprano, un recitador, un coro de voces masculinas y electrónica. El libreto está construido a partir de siete proclamas publicadas en el s.XVIII por el príncipe-obispo de Trento prohibiendo ciertos usos y costumbres del pueblo.
El planteamiento es interesante. El narrador, un actor que hace de niño que lee un cuento, va leyendo estas prohibiciones y tras cada lectura viene el comentario, bien de la soprano bien del coro. El vídeo, con una estética de comic moderno las más de las veces, y con mucha agilidad en las escenas proyectadas, contrapuntea o añade un comentario a esas proclamas, muchas veces con sutil humor. Las intervenciones del coro tienen mucho de madrigal carnavalesco, incluso en su forma de emitir la voz, poco clásica y más bien tendente a ciertos cantos populares. Su poco más de media hora discurríó llena de interés, y tanto soprano, Laura Catrani, como el actor Samuel Faccoli, hicieron buen trabajo. En cuanto a la escena, el coro estaba bastante verde y daba la impresión de que iba un poco a su aire, sin haber trabajado en profundidad gestos e intenciones, o quizá, que no era un coro profesional estable, sino un coro de compromiso para resolver este título de Franceschini.
En cualquier caso, excelente idea la de Musicadhoy de proveer a Madrid de un festival de ópera contemporánea en el que tengan cabido video-óperas como las que se presentaron este cinco de noviembre.

Una noche en la ópera (13) - En la medida de las cosas de César Camarero


Cierra el Festival Operadhoy con una sesión con doble título celebrada en el Teatro Canal el 5 de noviembre de 2010. El primero de ellos es del compositor César Camarero, madrileño nacido en el año 1962, y su título es en la medida de las cosas. La composición está destinada a un único personaje sin nombre, una soprano, y un conjunto instrumental reducidísimo, sólo 4 músicos: piano, viola, violoncello y clarinete. Además se añade vídeo en tiempo real. El texto está basado en unas poesías de María Negroni.
Pues bien, esto no es una ópera. Para que exista como tal es necesario la existencia de un drama mínimo. Digamos que lo visto es una cantata, un lied con acompañamiento camerístico o un poema sinfónico con voz, pero en absoluto ópera. De nada vale que la soprano cante de memoria su papel, o que en un escenario desangelado haya una serie de movimientos que nada aportan ni explican lo expresado en el texto o la música. Los textos son de carácter lírico y contemplativo, y con esa base difícilmente puede surgir nada parangonable a una ópera, por muy amplia que queramos entender este concepto. Además la escritura vocal a base de melodías lentas perfectamente cantables coloreó todo con monotonía. La proyección de vídeo en tiempo real, con captación de imágenes de la cantante a veces, tampoco añadía gran cosa al espectáculo.
En fin, intento fallido según mi entender de una ópera.

Los libros perplejos (18) - La piel del zorro de Herta Müller


La premio de Nobel de 2009 proviene del grupo de alemanes que perviven en la variada de identidades Rumanía. La piel del zorro es la primera novela que leo suya, y es de agradecer que los premios saquen a la luz aquellos autores de calidad que no están en primera fila del escaparate literario. Me ha llamado poderosamente su estilo la atención; algunos rasgos son: frases cortas, escritas en tiempo presente, ausencia de diálogos, escritura en párrafos donde las frases descriptivas se alternan con frases de diálogos separadas por comas, escasa utilización de nombres propios, y sobre todo, un lenguaje de enorme altura poética.
La historia está situada en los meses finales de la dictadura de Ceaucescu y es un libro duro, nada complaciente, que implica mucha participación e implicación del lector para seguirlo. De atmósfera gris acero, transmite todo el hálito del miedo que corrompe al ser humano que vive bajo una dictadura. En este sentido, me viene a la memoria la asociación con la película Dos semanas, tres días, cuatro meses.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Una noche en la ópera (12) - The turn of the screw


Sigue la programación mortieriana del Teatro Real con uno de los títulos más fascinantes de todo el s.XX: The Turn of the Screw de Britten. Ahora que se nos aleja el siglo XX y podemos mirarlo en retrospectiva para valorar que de bueno nos deja, parece claro que hay dos autores que sobresalen en el terreno operístico: Janacek y Britten. Obviamente, también está Richard Strauss, pero diríase que pertenece a un pasado más lejano de aquellos dos, aun cuando Strauss y Janacek fueron coetáneos.
Además, estos dos autores son compositores de óperas de oficio, y con esto me refiero a que se dedicaron sistemáticamente a pensar en el fenómeno dramático de la ópera y a buscar diversas soluciones a sus posibilidades en un siglo XX que iba con unas tendencias antidramáticas y antioperísticas. Pues 15 óperas nos legó Britten, y otro puñado Janacek.
Si se me contradijera hablándome de títulos imprescindibles como Wozzeck de Berg, Lady Macbeth de Minsk de Shostakovich o Moses und Aron de Schönberg, claro que he de darle la razón al que tales títulos proponga, pero también es cierto que estos compositores son autores de 1 ó 2 óperas a lo sumo. Así pues, y a la espera de que nos llegue en condiciones de igualdad el legado de Martinu, sigo ratificándome en mi afirmación.
The turn of the Screw ya fue programada dentro de las últimas temporadas del Teatro de la Zarzuela, y recuerdo el éxito que tales funciones tuvieron, con una Raina Kabaivanska insuperable y el efecto embriagador y aterrador de la música de Britten. Poco más recordaba, pero tampoco era necesario en el caso de la producción porque esta que trae el Sr.Mortier es la misma que ya se pudo ver, la de David McVicar, una puesta en escena llena de sombras y malos presagios, de un ambiente opresivo, cambios rápidos y a la vista del escaso mobiliario -por cierto, se notaba que el escenario del Real es más grande que el de la Zarzuela, un poco desangelado quedaba todo-, y una iluminación muy cuidada.
El elenco cantó inmaculado y sin fisuras: Ainsley -que ya cantara L'Upupa de Henze aquí- en el prólogo y Quint, con una vocalidad más que adecuada al personaje de Quint. The Governess, la ascendente Emma Bell, que partipara como Elettra en el Idomeneo de 2008, voz plena y bien manejada. Y también muy destacable Daniela Sindram como Miss Jessel en su corto papel, del que obtuvo todo el rédito posible. La cuestión de los dos niños, siempre problemática por sus deficiencias en proyección y capacidad actoral, fue solventada de forma sobresaliente: Peter Shafran como Miles tenía la voz bien colocada, y como actor, se permitió incluso el lujo de hacer los gestos correctos cuando tocaba el piano en playback; mientras que Nazan Friket como Flora no era ya tan niña, pero es preferible sacrificar un tanto la idoneidad de edad por la suficiencia artística.
La orquesta, si así se puede llamar a los 15 músicos que Britten dicta, sonó certera bajo la dirección de Pons, atento en todo momento a los matices y la tensión dramática.
En definitiva, buena tarde de ópera y el tiempo engrandece a Britten, un titán de la ópera ya.
Os dejo con este vídeo con algunas imágenes de esta producción

martes, 2 de noviembre de 2010

Los libros perplejos (17) - Ravel de Echenoz


Jean Echenoz (Orange, 1947) es un prolífico y consagrado escritor francés del que no había leído aún nada. Por razones claramente extraliterarias, y más bien musicales, leo su novela Ravel, en la que narra los diez últimos años de vida del compositor francés Ravel. Se trata como dice la contraportada de un retrato ficticio de este autor pero sembrado de verdades biográficas, todas ellas obtenidas por su correspondencia y testimonios más o menos directos.
Lo que ha provocado la escritura del libro haya sido probablemente el deterioro mental que sufrió el compositor en los últimos años de su vida, perdiendo la memoria, y viendo el proceso por el que era incapaz de plasmar sus propias ideas musicales. Llamar novela a 124 páginas de letra amplia es incorrecto, y algo de trampa si hay en la confección de libros semejantes. Su lectura no es satisfactoria justamente porque lo aportado por Echenoz es insuficiente: ficcionaliza o inventa un paisaje cotidiano en el que inscribir los datos que ya estaban disponibles. Está escrita en presente, como si el autor estuviera compartiendo todas las vivencias y anotándolas como entomólogo. En fin, nada perdurable.

Los libros perplejos (16) - To kill a mockingbird by Harper Lee


¡Lo he conseguido! He terminado de leer en inglés To kill a mockinbird, la única novela de Harper Lee que le valió un premio Pulitzer. Ha sido todo un reto, pero altamente satisfactorio. Esta novela, lectura escolar obligatoria en muchos estados norteamericanos por sus valores, tiene un doble hilo narrador: el primero y aparentemente central es el juicio a un hombre de color, Tom Robinson, acusado falsamente de una violación a una chica blanca; y el segundo, todo lo relacionado con el misterioso vecino Boo Radley. El punto de vista para la narración es el de una niña de 6 años, Scout, y desde él vemos la constelación de relaciones familiares -su hermano Jem, su padre Atticus, la criada negra Calpurnia, y más tarde la tía Alexandra-, y las relaciones de Maycomb, cada una de las vecinas, las familias del pueblo, el sheriff, el juez... Escrita en un periodo histórico en que aún era evidente el racismo, supone todo un canto al respeto entre los seres humanos, y a apreciar lo que cada uno tiene de único; al mismo tiempo, invita a mirar sin prejuicios a nuestro alrededor, como sólo los ojos de una niña pueden hacerlo.


La adaptación fílmica protagonizada por Gregory Peck es posterior en pocos años y sabe captar perfectamente el espíritu de la novela, aunque la trama es aligerada en el número de personajes, y podada en un sinfín de pequeñas subtramas que surgen a lo largo del libro y que permiten contemplar cual es el paisaje de un pueblo americano en la década de los 60'para entender en toda su profundidad las acciones de los personajes.
El perfil de algunos personajes es nítido, y así siempre será recordado Atticus, por su honradez, rectitud y su manera de hacer comprender a sus hijos por qué los seres humanos actúan como actúan tantas veces.
Una maravilla de libro, en definitiva.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Una noche en la ópera (11) - La del soto del Parral


Comienza la temporada el Teatro de la Zarzuela con La del soto del Parral de Soutullo y Vert y libreto de Fernández de Sevilla y Carrión. El título estrenado en 1927 es uno de los fijos del repertorio, con todo merecimiento por la gran calidad de su música, en cierto sentido apegada a la zarzuela grande, y con una excelsa instrumentación y dramatismo. El argumento sigue siendo endeble, pues en última instancia está basado en una anécdota de poco significado hoy día: que Germán no puede contarle a su amigo Miguel que la prometida fue la amante de su padre -de Miguel-, y de esta manera Germán no pueda evitar los conflictos que tal silencio le acarrea con su mujer Aurora, la ama del Soto.
Las notas de Ignacio Jassa aclaran cómo este título proviene de la nueva elaboración de otros anteriores: La canción de los batanes (1925) y El ama del batán(1925); hasta que pulieron libreto y música y acertaron en su definición.
La puesta en escena correspondía a Amelia Ochandiano, y es deslumbrante la aparición del escenario al abrir el telón: un paisaje castellano en caída con encina y pozo y campanas. Algo más flojo me parece la idea de levantar el centro del escenario para transformarlo en una habitación de la hacienda. Aquí interactúan personajes que están dentro de la habitación con los que están fuera en la pradera, sin tener en cuenta la verdad escénica de contar con paredes.
Juan Jesús Rodríguez, como Germán, tiene una bella y poderosa voz, y fue muy aplaudido en la romanza del 1º Acto, aunque pasado dificultades para terminar la zarzuela. Ana Ibarra, tiene una colocación exquisita de la voz que permite ser escuchada sin problemas, y también posee musicalidad de primera línea. Alejandro Roy como Miguel defendió bien su papel, con agudos con mordiente y valentía en el canto. Los dos cómicos, Aurora Frías como Catalina y Didier Otaola como Damián, tuvieron la complicidad y el encanto que el papel les requiere, aunque Aurora Frías estuvo algo escasa de volumen en el primer dúo, menoscabo que no volví a notar en sus siguientes intervenciones; aunque en su caso es tan grandísima actriz que compensa con creces su alguna falta tiene.
Luis Álvarez como Tío Sabino y Luis Valera como Tío Prudencio son dos habituales del Teatro, y esos papeles le van como anillo al dedo, bien que ambos utilizan siempre los mismos gestos y tonos de voz para caracterizar a sus personajes.
El coro sonó como en sus mejores días, y sigo sin acertar a explicar porque no realiza más conciertos o actuaciones de otro tipo con la calidad que tiene. La orquesta bajo Rubén Gimeno estuvo atenta ante una partitura que no es fácil en absoluto. Me gustó la forma dramática y seria de enfocar el título por parte del director.
En definitiva, buena noche de teatro para una zarzuela que se mantiene fresca en su música, y, que envejece peor en cuanto a su libreto.