
Comienza la temporada el Teatro de la Zarzuela con La del soto del Parral de Soutullo y Vert y libreto de Fernández de Sevilla y Carrión. El título estrenado en 1927 es uno de los fijos del repertorio, con todo merecimiento por la gran calidad de su música, en cierto sentido apegada a la zarzuela grande, y con una excelsa instrumentación y dramatismo. El argumento sigue siendo endeble, pues en última instancia está basado en una anécdota de poco significado hoy día: que Germán no puede contarle a su amigo Miguel que la prometida fue la amante de su padre -de Miguel-, y de esta manera Germán no pueda evitar los conflictos que tal silencio le acarrea con su mujer Aurora, la ama del Soto.
Las notas de Ignacio Jassa aclaran cómo este título proviene de la nueva elaboración de otros anteriores: La canción de los batanes (1925) y El ama del batán(1925); hasta que pulieron libreto y música y acertaron en su definición.
La puesta en escena correspondía a Amelia Ochandiano, y es deslumbrante la aparición del escenario al abrir el telón: un paisaje castellano en caída con encina y pozo y campanas. Algo más flojo me parece la idea de levantar el centro del escenario para transformarlo en una habitación de la hacienda. Aquí interactúan personajes que están dentro de la habitación con los que están fuera en la pradera, sin tener en cuenta la verdad escénica de contar con paredes.
Juan Jesús Rodríguez, como Germán, tiene una bella y poderosa voz, y fue muy aplaudido en la romanza del 1º Acto, aunque pasado dificultades para terminar la zarzuela. Ana Ibarra, tiene una colocación exquisita de la voz que permite ser escuchada sin problemas, y también posee musicalidad de primera línea. Alejandro Roy como Miguel defendió bien su papel, con agudos con mordiente y valentía en el canto. Los dos cómicos, Aurora Frías como Catalina y Didier Otaola como Damián, tuvieron la complicidad y el encanto que el papel les requiere, aunque Aurora Frías estuvo algo escasa de volumen en el primer dúo, menoscabo que no volví a notar en sus siguientes intervenciones; aunque en su caso es tan grandísima actriz que compensa con creces su alguna falta tiene.
Luis Álvarez como Tío Sabino y Luis Valera como Tío Prudencio son dos habituales del Teatro, y esos papeles le van como anillo al dedo, bien que ambos utilizan siempre los mismos gestos y tonos de voz para caracterizar a sus personajes.
El coro sonó como en sus mejores días, y sigo sin acertar a explicar porque no realiza más conciertos o actuaciones de otro tipo con la calidad que tiene. La orquesta bajo Rubén Gimeno estuvo atenta ante una partitura que no es fácil en absoluto. Me gustó la forma dramática y seria de enfocar el título por parte del director.
En definitiva, buena noche de teatro para una zarzuela que se mantiene fresca en su música, y, que envejece peor en cuanto a su libreto.
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