
Desde luego hay que tener ganas de ir a la ópera cuando de antemano sabes que el espectáculo va a durar 4 horas y media. Der Rosenkavalier es uno de los Strauss más programados, y claro está, de los más amables de escuchar tras las violentas Salomé y Strauss. Pero bueno, allí estuvimos en este diciembre de 2010.
La función cumplió con mis expectativas, pero hubo demasiados puntos oscuros. Para empezar la puesta en escena de Wernicke, procedente de Salburgo 99, con los espejos la veo desfasada, anticuada. Quizá en su momento fuera una lectura moderna, y por cierto muy copiada, pero los espejos no dan más de sí. La dirección de escena no terminó de convencerme, además de ser fea en el caso de movimiento de las masas. Existe una tendencia a dejar pocos personajes en el escenario, y cuando son las escenas corales, lo que aparece es un tumulto -¿qué necesidad hay de que entre el cocinero con 10 pinches? o ¿por qué en la escena del boudour desaparecen tan rápido los que estaban de antesala cuando canta el tenor italiano?-.
El comienzo fue un desastre: en la orquesta parecía que cada uno iba por su lado, sonaba como una banda de música con problemas de afinación, y no había distingos entre lo que debe ser importante y lo secundario, dedicándose, como fue luego la tónica general de la función, el Sr. Tate a marcar el compás sin mayor indicación de expresión (¿lo habrá copiado del propio Strauss que dirigía impertérrito?). Hubo conforme avanzaba la función más expresión y más fraseo, pero la sensación de que se quedó mucha música en el tintero fue inevitable.
En cuanto a los solistas, la Mariscala de Schwanewilms posee toda la elegancia aristocrática tanto en la voz como en el gesto. El Octavian de Joyce di Donato estaba un pelín sobreactuado, pero fue una delicia en su expresión y en su voz al servicio continuo de la acción, con un gasto considerable de energía. La Sophie de Ofelia Sala tenía toda la dulzura e inocencia que el papel requiere, pero la voz sonaba falta de proyección. El Faninal de Laurent Naouri está más cerca de la farsa que de la comedia; es un papel no muy cómodo pues cuando aparece en el segundo acto se lo pasa gritando, pero Faninal es un burgués serio que ve peligrar sus opciones de ascender socialmente por el matrimonio de su hija. Por último, el Baron Ochs de Hawlata es insuficiente en lo vocal, con graves de poco peso, aunque lo compensa con un buen trabajo en la parte de actor, a pesar de algunos gestos obscenos que no venían a cuento. Los dos intrigantes estuvieron justos en su prestación, y el coro demasiado desempastado.































