Dentro del ciclo Operadhoy 2010, asistí el día 8 de mayo en el Teatro Canal a este artefacto escénico, pues dista mucho de ser una ópera. El título está tomado del lied con el que se abre el Dichterliebe schumanniano, y la propuesta consiste en el encadenamiento de 221 lieder en tres bloques,o sea, cada bloque con 7 canciones que se interpretan con continuidad. La idea y arreglo es del compositor holandés Reinbert de Leeuw, y destinado a su conjunto Schönberg Ensemble. Este proyecto lo conocía de antemano por la grabación que existe de él en Winter&Winter. Las canciones son de Schubert(11)y Schumann (10), bien de sus ciclos (Winterreise) o sueltas como Erlkönig. El arreglo es para flauta, oboe, clarinete bajo, fagot, trompa, arpa, violín, viola, violoncello, contrabajo y piano, y de entrada hay que decir que es sobresaliente el arreglo.
Ahora bien, esto no es una ópera. No hay dramaturgia alguna, y también decorados ni nada por el estilo, siendo también muy limitada la dirección de escena.
La interpretación fue formidable. Los lieder fueron interpretados por la soprano Barbara Sukowa, de técnica insuficiente desde el punto de vista ortodoxo -agudos muy mal colocados-, aunque muy bien de expresión y de intención en cada lied. El arreglo modifica a veces el compás del lied, o usa el Sprechgesang.
Espectáculo en torno a la hora muy interesante para quien conociera con cierta profundidad y pudiera ser las variaciones y transformaciones a que es sometido por de Leeuw. Para el profano, me es difícil evaluar su valor artístico. Como anécdota, Reinbert de Leeuw llegó mediado el concierto, siendo sustituido por una pianista del propio grupo, debido a la cancelación de un vuelo por la nube soltada por la erupción del volcán islandés.
jueves, 27 de mayo de 2010
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