
Sinclair Lewis no es ni de lejos tan famoso como lo fuera en su época. De hecho después de haber publicado tan solo 6 libros le fue concedido el premio Nobel de Literatura en 1930, siendo el primer autor norteamericano en conseguirlo, y también el segundo no europeo tras Tagore.
Tras una recensión crítica favorable en las páginas de Babelia, consigo una edición en papel biblia de la Editorial Aguilar -las impagables bibliotecas públicas-, con una traducción excelente de Manuel Lacalle Ollé. Qué lástima que hoy esta figura pase desapercibida porque me ha parecido un escritor excelente. De su fama en sus días es testimonio que en inglés exista el término 'babbitt' con el significado de hombre de negocios estrecho de miras, convencional, complaciente, que habla con clichés perteneciente a la clase media a la cual se adscribe sin pensar en ello. Todo este carácter procede de esta novela de 1923 centrada en Jorge F. Babbitt y su ciudad Zenith, próspera como otras tantas en los felices años 20. La radiografía de la época fue uno de los valores primordiales a la hora de concederle el nobel.
La novela narra la vida de Babbitt tanto en relación a su familia, mujer y tres hijos, su vecindario -vive en una zona exclusiva-, sus amigos -muchos para realizar negocios con su inmobiliaria y otros pertenecientes a los exclusivos clubes y asociaciones a los que Babbitt dedica su ocio como miembro preponderante de esa clase media-alta que controla los entresijos de la ciudad, los próceres de la ciudad.
A pesar de esta vida tan adinerada, dedicada a producir dinero, el malestar existencial de Babbitt es claro, y la novela se adentra en ese malestar y sus posibles soluciones, siendo Babbitt consciente del sacrificio de sus ideales para conseguir esa posición social tan respetable. Lewis es un cirujano de alta precisión a la hora de diseccionar el mal de fondo de esos felices años veinte, el los que parecía no tener límites la capacidad de crecimiento económico y social, pero Lewis retrata a este hombre y a la ciudad desde la comprensión y la ternura, nunca con ensañamiento. Tampoco cae en el moralismo; se limita a exponer a Babbitt en diferentes situaciones y deja que sea el lector el que saque sus conclusiones.
Dos elementos más contribuyen a la lectura del libro: la naturalidad de los diálogos y el sentido de humor que despliega Lewis a lo largo de toda la obra.
Altamente recomendable.
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