
Haruki Murakami está pasando de ser considerado un autor de culto a ser un autor de masas. De él conocía Tokio Blues, y me llamó la atención su peculiar prosa, dotada de un ritmo personal, de una cadencia que la individualiza. La reciente publicación del libro De qué hablo cuando hablo de correr rápidamente me atrajo por la combinación de dos pasiones que cultivo, la literatura y el correr.
Resulta que Murakami es todo un veterano del correr, con 23 maratones a sus espaldas en el momento de escribir el libro (agosto de 2006), una ultramaratón de 100Km y varios triatlones. Ni que decir tiene que la constancia es una de sus virtudes. El libro intenta ser una reflexión en voz alta, teñida obviamente de un fuerte componente autobiográfico, de lo que significa para él la práctica de un deporte de manera continua y cómo esa práctica puede influenciarle en su peculiar escritura y su manera de entender la literatura. No pretende convencer a nadie de la práctica del deporte, ni tampoco aparece un yo fatuo y presuntuoso por dedicarse a correr maratones. Es más, queda bastante claro la lucha que mantiene contra el paso del tiempo para mantener marcas dignas.
Para Murakami ser corredor viene dado por una serie de características personales que a él le van como un guante: es preciso ser individualista, con capacidad de sufrimiento, una cierta obstinación, con constancia,... Cualquiera que haya participado en una carrera como una maratón o similar se identificará con mucho de lo que nos cuenta sobre la preparación, los estiramientos, la carga de kilómetros a la semana que hay que hacer, las dudas antes de la carrera, la hidratación en la misma, y también el justo orgullo que se siente al cruzar la meta. La carrera es siempre contra uno mismo, no contra otros participantes. En cierto sentido, el corredor de fondo no es un únicamente un ser solitario, sino que pertenece a un grupo de solitarios y como tal se reconoce en la mirada cuando se cruza con otro corredor.
La actividad física es tan importante para Murakami que en el último capítulo incluso dice que "Si algún día quisieran grabarme un epitafio y pudiera yo elegir las palabras, me gustaría que dijera lo siguiente:
HAKURI MURAKAMI
Escritor (y corredor)
Al menos aguantó sin caminar hasta el final
Su estilo está construido a base de frases no muy largas y con total ausencia de diálogos. El ritmo de su prosa hace que la lectura sea fácil y sin cansancio. Quizá no sea su mejor obra, o probablemente quede en su corpus como una obra menor de carácter autobiográfico, pero su lectura es muy grata y al lector-corredor le será muy sugerente.
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