
De todos los estilos en que es posible escribir, el humorístico es el más difícil. Lo más complicado dentro de la escritura es hacer reír o al menos sonreír al lector. El dominio de los recursos que permiten desencadenar esa sonrisa cómplice es algo que ha estado al alcance de muy pocos escritores, y sin lugar a dudas, Wallace es uno de ellos, y no de los peores dotados por cierto.
Wallace, que se suicidara el 12 de septiembre de 2008, era el autor de más proyección de la generación posterior a DeLillo y Roth, la bautizada en España como Generación Next, y a la que pertenecen también autores como Sedaris.
DFW se mueve en un terreno a mitad de camino entre ficción y la realidad, suponiendo que realmente sean territorios distintos. El principal recurso que usa es la ironía, lo cual implica una distancia sobre el objeto considerado, de manera que se puedan apreciar en él características distintas a las apreciadas en una distancia corta, permitiendo así la exageración de unos rasgos y no otros, y la distorsión de la realidad, lo que en última instancia provoca el humor.
Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, el cuento que da título al libro, nos muestra al autor embarcado en un crucero de lujo semanal y narra sus peripecias para el distinguido público lector de una revista. Tiene mucho de observación sociológica y pone al descubierto las sinrazones de muchos de nuestros comportamientos, y las grietas de nuestras almas, así como la infelicidad existencial del ser humano (igual me estoy pasando en las pretensiones del autor).
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