jueves, 11 de noviembre de 2010

Una noche en la ópera (12) - The turn of the screw


Sigue la programación mortieriana del Teatro Real con uno de los títulos más fascinantes de todo el s.XX: The Turn of the Screw de Britten. Ahora que se nos aleja el siglo XX y podemos mirarlo en retrospectiva para valorar que de bueno nos deja, parece claro que hay dos autores que sobresalen en el terreno operístico: Janacek y Britten. Obviamente, también está Richard Strauss, pero diríase que pertenece a un pasado más lejano de aquellos dos, aun cuando Strauss y Janacek fueron coetáneos.
Además, estos dos autores son compositores de óperas de oficio, y con esto me refiero a que se dedicaron sistemáticamente a pensar en el fenómeno dramático de la ópera y a buscar diversas soluciones a sus posibilidades en un siglo XX que iba con unas tendencias antidramáticas y antioperísticas. Pues 15 óperas nos legó Britten, y otro puñado Janacek.
Si se me contradijera hablándome de títulos imprescindibles como Wozzeck de Berg, Lady Macbeth de Minsk de Shostakovich o Moses und Aron de Schönberg, claro que he de darle la razón al que tales títulos proponga, pero también es cierto que estos compositores son autores de 1 ó 2 óperas a lo sumo. Así pues, y a la espera de que nos llegue en condiciones de igualdad el legado de Martinu, sigo ratificándome en mi afirmación.
The turn of the Screw ya fue programada dentro de las últimas temporadas del Teatro de la Zarzuela, y recuerdo el éxito que tales funciones tuvieron, con una Raina Kabaivanska insuperable y el efecto embriagador y aterrador de la música de Britten. Poco más recordaba, pero tampoco era necesario en el caso de la producción porque esta que trae el Sr.Mortier es la misma que ya se pudo ver, la de David McVicar, una puesta en escena llena de sombras y malos presagios, de un ambiente opresivo, cambios rápidos y a la vista del escaso mobiliario -por cierto, se notaba que el escenario del Real es más grande que el de la Zarzuela, un poco desangelado quedaba todo-, y una iluminación muy cuidada.
El elenco cantó inmaculado y sin fisuras: Ainsley -que ya cantara L'Upupa de Henze aquí- en el prólogo y Quint, con una vocalidad más que adecuada al personaje de Quint. The Governess, la ascendente Emma Bell, que partipara como Elettra en el Idomeneo de 2008, voz plena y bien manejada. Y también muy destacable Daniela Sindram como Miss Jessel en su corto papel, del que obtuvo todo el rédito posible. La cuestión de los dos niños, siempre problemática por sus deficiencias en proyección y capacidad actoral, fue solventada de forma sobresaliente: Peter Shafran como Miles tenía la voz bien colocada, y como actor, se permitió incluso el lujo de hacer los gestos correctos cuando tocaba el piano en playback; mientras que Nazan Friket como Flora no era ya tan niña, pero es preferible sacrificar un tanto la idoneidad de edad por la suficiencia artística.
La orquesta, si así se puede llamar a los 15 músicos que Britten dicta, sonó certera bajo la dirección de Pons, atento en todo momento a los matices y la tensión dramática.
En definitiva, buena tarde de ópera y el tiempo engrandece a Britten, un titán de la ópera ya.
Os dejo con este vídeo con algunas imágenes de esta producción

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