martes, 22 de febrero de 2011

Una noche en la ópera (17) - Amadeu de Boadella


Dentro de la buena oferta de la cartelera madrileña, se produce el estreno de Amadeu, un musical o algo parecido concebido por Boadella en el Teatro Canal, teatro que dirige en la actualidad. Son muchos los años en que Boadello lleva en esto del teatro y cierto es que tiene un estilo propio, una manera de entender el hecho teatral en el que proyecta continuamente tanto sus filias como sus fobias. Amadeu no escapa a esta peculiar manera de ser de su autor. Todo el musical está centrado en la figura de Amadeu Vives, el magnífico compositor catalán autor de La Francisquita, entre otras joyas de la lírica.
El argumento es banal: a un becario de una redacción periodística se le encarga la confección de un artículo sobre este autor tras conocerse la noticia de que por problemas financieros de su familia, su cuerpo va a ser "desenterrado" de su tumba, ante la pasividad de los Instituciones catalanas, que ante la falta de autenticidad "catalana" de Vives, le parece una patata caliente en sus manos. A este becario, ajeno al mundo de la clásica y proveniente del pop y rock, se le presenta el espíritu del mismísimo Amadeu, y van desgranándose escenas de su propia vida con los injertos musicales correspondientes. Todo ello trufado de estacazos a diestro y siniestro a políticos, a la catalanidad mal entendida, y a todos aquellos que hablan verdades monumentales por la boca pero que en realidad son una versión nuestro del fundamentalismo ideológico.
Aunque nunca he sido partidario de este tipo de biografías con ejemplos musicales, he de reconocer que pasamos un buen rato en el teatro y que la función no tuvo tiempos muertos: dramatúrgicamente todo funciona y la selección de la música es un acierto, con momentos muy emotivos como el del Himno de Mallorca. El montaje escénico es muy simple, con una disposición como de music-hall con la boca del escenario ocupada con un piano en el centro izquierda, y la orquesta en un segundo plano, encima del escenario, lo cual implica un riesgo a la hora de concertar con los solistas.
El papel del becario Jordi lo realizó Raúl Fernández, aportando todo lo que pudo a este papel falto de desarrollo. La parte del león se la lleva Antoni Comas, tenor, pianista y excelente actor -no sólo esto sino que debía en la escena mostrar siempre la discapacidad de mano y pierna derecha consecuencia de la polio de Amadeu Vives-. Con todo merecimiento logró el éxito de la noche y la función reposa en sus espaldas.
El elenco que me tocó en suerte fue con la soprano Auxiliadora Toledano, de proyección ascendente, la mezzo Joana Thome, falta de proyección vocal en algunos momentos, e Israel Lozano, tenor entregado. Con esta obra debutaba el Coro Joven de la ORCAM, bajo la sabia dirección de Félix Redondo, y al fondo, que no en el foso, estaba la JORCAM, bien dirigida por Manuel Coves.

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