martes, 17 de mayo de 2011

Una noche en la ópera (19) - El rey Roger de Szymanowski






El haber estado ocupado en asuntos varios hace que me salte algunos títulos que he visto últimamente para comentar el más reciente. El pasado día 12 asistí a la función penúltima de Król Roger Op.47 del polaco Karol Szymanowski, esta temporada tan de moda en Madrid, pues tanto ONE como ORTVE como ORCAM le dedican algún espacio en su programación.
El principal problema de esta ópera es que es una "ópera de ideas", o sea, demasiado estática y falta de drama lo que la emparenta peligrosamente con el oratorio. La música es bellísima y la escritura vocal muy cantable. Momentos como el acto 1 en su integridad con el espectacular coro inicial no dejan a nadie indiferente. Y desde el punto de vista musical, la ópera estuvo bien servida, empezando por el director inglés Paul Daniel, de una técnica y musicalidad muy destacables al que he tenido ocasión varias veces de ver dirigir (me dirigió en el Teatro Real el estreno de L'Upupa de Henze). Equilibrio foso-orquesta, afinación, pulsación rítmica, colores orquestales... todo estaba en su sitio.
En cuanto al elenco vocal, destaca el barítono Mariusz Kwiecien, que ya protagonizara aquí el Conde Almaviva. Es una voz dúctil, de barítono lírico, de muy buen legato y espléndida presencia física, que conoce el papel perfectamente y lo ha grabado ya en DVD. Algo menos me gustó la Roxana de Olga Pasichnyk, a la que vi con voz algo descontrolada y apretada; y bien el hierático Pastor de Will Hartmann. En un papel menor aparecía la histórica Jadwiga Rappé. El Edrisi de Stefan Margita presenta siempre su timbre vocal muy claro. El coro, con muchos refuerzos, estuvo notable en la primera escena.
Otro cantar es la puesta en escena del encumbrado Warlikowski. Por decirlo en breve, me pareció un completo desastre. Se presupone que la puesta en escena ayuda la comprensión del entramado argumental. Pues en este caso Warlikowski ha jugado a ocultarlo y ello mediante la acumulación de tantos planos con significado metafórico superpuesto al texto que se cantaba de manera que nadie se enterara de lo que estaba ocurriendo ni pudiera centrar la atención en algo. Por ejemplo, no sólo es que aparezcan en paños menor rey y reina al comienzo de la ópera y vayan vistiéndose durante el coro inicial, sino que una cámara va emitiendo en directo la imagen que va filmando circulando entre los coristas, todos con cara de cabreo, y ello para ser proyectada en una pantalla que se sitúa entre los solistas, en la boca del escenario, y los del coro, unos metros detrás y algo en penumbra; de manera que no entiendes a los solistas, y para fijarte en ellos debes obviar la enorme televisión que te planta en primerísimo plano. Si a ello añadimos unos 6 ó más bailarines con una cierta coreografía en los laterales, ya comprenderán a qué me refiero.
Otro ejemplo: una piscina donde varios de figuración van llevando a personas -¿quienes son?- como si estuvieran en un balneario y fuera aquello una sesión de relajación o de masaje acuático en la espalda. Y por último, en el tercer acto aparece el Pastor con una cabeza de Micky Mouse y ¡rodeado de 5 pequeñitos mickies! Bueno, la impresión de timo es inevitable y la exigencia de responsabilidades al que le haya contratado también, porque si Warlikowski hace esas horripilantes puestas en escena es porque se las consentimos y le contrata el director artístico de turno. Pero no nos enfademos, que cuando se trata de cultura ya se sabe que todo queda entre amiguetes y entonces el acento se pone en este público cateto madrileño que no entiende y santas pascuas.
¿Hasta cuándo vamos a consentir el pagar entradas de ópera para tener que cerrar
los ojos nada más abrirse el telón y deleitarnos sólo con la escucha?

Este vídeo es la misma producción pero en su estreno en París. El elenco es el mismo.

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