jueves, 9 de diciembre de 2010

Una noche en la ópera (15) - Der Rosenkavalier


Desde luego hay que tener ganas de ir a la ópera cuando de antemano sabes que el espectáculo va a durar 4 horas y media. Der Rosenkavalier es uno de los Strauss más programados, y claro está, de los más amables de escuchar tras las violentas Salomé y Strauss. Pero bueno, allí estuvimos en este diciembre de 2010.
La función cumplió con mis expectativas, pero hubo demasiados puntos oscuros. Para empezar la puesta en escena de Wernicke, procedente de Salburgo 99, con los espejos la veo desfasada, anticuada. Quizá en su momento fuera una lectura moderna, y por cierto muy copiada, pero los espejos no dan más de sí. La dirección de escena no terminó de convencerme, además de ser fea en el caso de movimiento de las masas. Existe una tendencia a dejar pocos personajes en el escenario, y cuando son las escenas corales, lo que aparece es un tumulto -¿qué necesidad hay de que entre el cocinero con 10 pinches? o ¿por qué en la escena del boudour desaparecen tan rápido los que estaban de antesala cuando canta el tenor italiano?-.
El comienzo fue un desastre: en la orquesta parecía que cada uno iba por su lado, sonaba como una banda de música con problemas de afinación, y no había distingos entre lo que debe ser importante y lo secundario, dedicándose, como fue luego la tónica general de la función, el Sr. Tate a marcar el compás sin mayor indicación de expresión (¿lo habrá copiado del propio Strauss que dirigía impertérrito?). Hubo conforme avanzaba la función más expresión y más fraseo, pero la sensación de que se quedó mucha música en el tintero fue inevitable.
En cuanto a los solistas, la Mariscala de Schwanewilms posee toda la elegancia aristocrática tanto en la voz como en el gesto. El Octavian de Joyce di Donato estaba un pelín sobreactuado, pero fue una delicia en su expresión y en su voz al servicio continuo de la acción, con un gasto considerable de energía. La Sophie de Ofelia Sala tenía toda la dulzura e inocencia que el papel requiere, pero la voz sonaba falta de proyección. El Faninal de Laurent Naouri está más cerca de la farsa que de la comedia; es un papel no muy cómodo pues cuando aparece en el segundo acto se lo pasa gritando, pero Faninal es un burgués serio que ve peligrar sus opciones de ascender socialmente por el matrimonio de su hija. Por último, el Baron Ochs de Hawlata es insuficiente en lo vocal, con graves de poco peso, aunque lo compensa con un buen trabajo en la parte de actor, a pesar de algunos gestos obscenos que no venían a cuento. Los dos intrigantes estuvieron justos en su prestación, y el coro demasiado desempastado.

Un día en las carreras (10) - V Carrera Popular de Paracuellos


El pasado 28 de noviembre, domingo soleado, era la V edición de la carrera popular de Paracuellos del Jarama. El año pasado la corrí, son solo 10 Km, y tiene fama a pesar de sus pocas ediciones, de ser tremendamente dura. El año pasado estuve cerca de los 49', y no hay llano alguno, o bien es cuesta arriba o cuesta abajo. Además hizo un tiempo criminal con granizo incluido.
Al menos este año el día era espléndido. Llegué a las 9h 15' y tras recoger el dorsal y chip en el polideportivo, estuve calentando unos 20'. Hay inscritos unos 1500 corredores y mi dorsal es el 1217. Salgo desde la primeras posiciones y mi objetivo es ir a 4'30'' el kilómetro. Resulta que he olvidado mi reloj y debo ir preguntando a los corredores a la hora de pasar por cada kilómetro. El Kilómetro 5 lo paso en 22'32'' y llego a la meta en 45' exactos, lo cual indica una media de 4'22''. En fin, parece que estoy más en forma que el año pasado. Se nota que el trabajo continuo y quizá también la natación va haciendo su fruto.
Mi posición final es la 362 de 1210 corredores que llegaron a la meta. Próxima carrera será el Trofeo Akiles en la Casa de Campo.

martes, 16 de noviembre de 2010

Un día en las carreras (9) - XXXIV Media Maratón de Moratalaz


Esta es la carrera que se corre por las calles de mi barrio. Es el 14 de noviembre de 2010. La salida está en la paralela hacia el oeste desde mi casa, y tras haber participado en ella el año pasado, volví a correrla. La hora de salida era las 10h30' y presentaba la novedad de que permitía también correr sólo 10 Km -el año anterior eran 12Km-.
Por primera vez han participado también mis amigos y vecinos Oscar, Víctor y Cristina, aunque ellos en los 10Km, y a última hora también se apuntó Luis Carlos, compañero de trabajo. Tras recoger a las 9h 30' el chip y darle vueltas a la cuestión del tiempo metereológico, pues no sabíamos si ir de manga larga o no , con doble capa o no, nos pusimos a calentar. El día, tras amanecer con nubes y una pequeña lluvia mientras recogíamos los chips, se ha mantenido sin llover, al menos durante la carrera, y con una temperatura ideal de 9-10 grados.
Buenas sensaciones en la salida, con el cuerpo descansado y muelle. Tras 300 metros Víctor se empareja y así hemos continuado durante 10 km, bastantes de ellos con Víctor marcando el ritmo. Por cierto un ritmo sensacional de 4'20'' por kilómetro que hemos logrado mantener a pesar de que el recorrido tiene sus pequeñas cuestas y descensos.
A partir del kilómetro 10 me he quedado solo, aunque con la referencia visual de un grupo que iba también a 4'20''. Y el cuerpo ha seguido respondiéndome bien. Pasé el kilómetro 14 en 1h 1'12''. Si consigo mantener el ritmo llegaré con menos de 1h 35' a la meta, un tiempo excelente que no tenía previsto. En el Km 18 se pone a correr a mi lado Luis Carlos, que ya acabó su carrera de 10 Km, y me apoya durante un kilómetro. En los dos últimos kilómetros empiezo a notar como las piernas pesan. La entrada al estadio del polideportivo Moratalaz la hago a buen ritmo y con un pequeño sprint, aunque la meta está más cerca que el año anterior.
Tiempo final: 1h 32' 17'', o sea, unos 6' minutos menos de mi mejor marca personal. El kilómetro lo he corrido a 4' 22''.
Puesto en la general 266 de 1069 corredores. Tiempo de paso en los 10Km: 43'52''.

En fin, supongo que ha sido una carrera casi perfecta. Y también me doy cuenta de que bajar de 1h 30' -uno de mis objetivos en esto de las carreras- va a ser algo complicado de conseguir.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Una noche en la ópera (14) - Il Gridario de Matteo Franceschini


La segunda parte de la sesión del ciclo Operadhoy del 5 de noviembre de 2010 estaba constituida también por una ópera de pequeño formato: Il Gridario de Matteo Franceschini. Este autor nació en Trento en 1979 es también clarinestia. Está en italiano y el elenco destinatario es una soprano, un recitador, un coro de voces masculinas y electrónica. El libreto está construido a partir de siete proclamas publicadas en el s.XVIII por el príncipe-obispo de Trento prohibiendo ciertos usos y costumbres del pueblo.
El planteamiento es interesante. El narrador, un actor que hace de niño que lee un cuento, va leyendo estas prohibiciones y tras cada lectura viene el comentario, bien de la soprano bien del coro. El vídeo, con una estética de comic moderno las más de las veces, y con mucha agilidad en las escenas proyectadas, contrapuntea o añade un comentario a esas proclamas, muchas veces con sutil humor. Las intervenciones del coro tienen mucho de madrigal carnavalesco, incluso en su forma de emitir la voz, poco clásica y más bien tendente a ciertos cantos populares. Su poco más de media hora discurríó llena de interés, y tanto soprano, Laura Catrani, como el actor Samuel Faccoli, hicieron buen trabajo. En cuanto a la escena, el coro estaba bastante verde y daba la impresión de que iba un poco a su aire, sin haber trabajado en profundidad gestos e intenciones, o quizá, que no era un coro profesional estable, sino un coro de compromiso para resolver este título de Franceschini.
En cualquier caso, excelente idea la de Musicadhoy de proveer a Madrid de un festival de ópera contemporánea en el que tengan cabido video-óperas como las que se presentaron este cinco de noviembre.

Una noche en la ópera (13) - En la medida de las cosas de César Camarero


Cierra el Festival Operadhoy con una sesión con doble título celebrada en el Teatro Canal el 5 de noviembre de 2010. El primero de ellos es del compositor César Camarero, madrileño nacido en el año 1962, y su título es en la medida de las cosas. La composición está destinada a un único personaje sin nombre, una soprano, y un conjunto instrumental reducidísimo, sólo 4 músicos: piano, viola, violoncello y clarinete. Además se añade vídeo en tiempo real. El texto está basado en unas poesías de María Negroni.
Pues bien, esto no es una ópera. Para que exista como tal es necesario la existencia de un drama mínimo. Digamos que lo visto es una cantata, un lied con acompañamiento camerístico o un poema sinfónico con voz, pero en absoluto ópera. De nada vale que la soprano cante de memoria su papel, o que en un escenario desangelado haya una serie de movimientos que nada aportan ni explican lo expresado en el texto o la música. Los textos son de carácter lírico y contemplativo, y con esa base difícilmente puede surgir nada parangonable a una ópera, por muy amplia que queramos entender este concepto. Además la escritura vocal a base de melodías lentas perfectamente cantables coloreó todo con monotonía. La proyección de vídeo en tiempo real, con captación de imágenes de la cantante a veces, tampoco añadía gran cosa al espectáculo.
En fin, intento fallido según mi entender de una ópera.